
María Virgen Amada,
que apareces en mi vida
tu fragancia fue esparcida
sintiéndome yo embriagada.
Por mis manos tu pintada
en una noche de asombro
te vi María y te nombro
a mi auxilio sé que vienes
sabiendo que me sostienes
con El Rosario en el hombro.
Eres Maria dulzura,
Madre de misericordia,
de armonía, de concordia,
de luz, de paz y ternura.
Quien conoce tu estatura
de energía Universal
puede sentir tu caudal
fresco rodeando la brisa
con la más tierna premisa
de lo sobrenatural.
Creer en ti no es casual
no es decirlo o evocarlo,
es sentirlo y es tocarlo
de manera natural.
Maria por tu ancestral
razón de escuchar mis ruegos
hoy te pido: por los ciegos,
por aquellos que no creen,
esos que sin luz no ven
por materiales apegos.
Te pido por aquel rico,
por el pobre, el vagabundo,
por la miseria en el mundo
cuando a ti yo te suplico.
De tus dones hoy salpico
a todos los que te recen
y en sus ruegos fortalecen
la paz de nuestro Planeta
los que oran llevan meta
que de bondad la engrandecen.
Te pido por epidemias
que azotan la humanidad,
te pido salud, piedad,
alejando las pandemias.
Que se acaben las endemias
enfermedades del hombre
que cuando el mundo te nombre
desde el corazón henchido
nos una más tu latido
cuando invocamos tu nombre.
Que a pesar de recibir
acciones inmerecidas
siempre llenes nuestras vidas
del poder de discernir
Perdonar y conseguir
con el corazón sin dudas,
aunque la traición de Judas
nos quiera dar un abrazo
con tu amor promueva el lazo
contestar palabras mudas.
Amada Virgen María,
que me acompañas ahora
de mi pecho sólo aflora
la inigualable alegría.
Tu me regalas el día
el sol, la luz, la belleza,
me das entera certeza
de tu presencia a mi lado
sostenme con tu cuidado
cuando mi alma te reza.
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